Fernando Carballo Blanco





Resistente antifranquista
El 30 de mayo de 1924 nace en Valladolid (Castilla, España) el anarcosindicalista y resistente antifranquista Fernando Carballo Blanco. Fue hijo de Aniceto Carballo, obrero en los talleres de la Compañía de Ferrocarriles del Norte y militante de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), fusilado en 1936 en Valladolid por el franquismo. Su madre, Concepción Blanco, fue internada en el hospital provincial de Valladolid. Al terminar la guerra, fue encarcelado cinco meses por no rectificar y decir que su padre había sido ejecutado, como quería el comisario, y no asesinato, como decía él. 1940 malvivía en Valencia y trabajaba de carpintero cuando le daban trabajo. Fue cerrado seis meses por robar un paquete de cacahuetes y en prisión entró en contacto con militantes cenetistas. En 1942 trabajar por los campos de Vinaròs, Valencia y Tarragona sembrando y cosechando arroz, trabajo que compaginaba con la de tratando de animales y estraperlista. 1946 fue detenido en Mora de Ebro para resistirse a un sereno que le quería tomar el aceite de estraperlo que llevaba y cerrado un año y medio en Tarragona y Reus en espera de un juicio que finalmente no se realizó. 1947 fue liberado, pero en abril de 1948 fue de nuevo encarcelado acusado de pertenecer al Socorro Rojo Internacional (SRI), esta acusación fue cambiada por la de robo en Tivissa y condenado a 13 años de prisión.
En 1949 fue cerrado en El Puerto de Santa María y luego trasladado a Ocaña hasta agosto de 1955, que salió en libertad condicional. 1956 se casó con Juana Rodríguez Olivar. En la cárcel aprendió el oficio de sastre, que será el trabajo con la que se ganará la vida en el futuro. 1963 se afilió a la CNT clandestina que a duras penas se reestructuraba y se dedicó sobre todo a tareas propagandísticas. El 11 de agosto de 1964 fue detenido en la calle Princesa de Madrid con la activista anarquista escocés Stuart Christie por tenencia de explosivos y por intención de cometer atentados contra el régimen franquista o contra Franco mismo aprovechando el partido de fútbol España- URSS en el estadio Bernabéu de Madrid que se había celebrado en junio de ese año. 





El 1 de septiembre de 1964 un consejo de guerra lo condenó a 30 años de prisión y Christie a 20. En noviembre de 1969 llevó a cabo una huelga de hambre para obtener el estatus de preso político. En noviembre de 1970, en la prisión de Burgos, realizó una nueva huelga de hambre en solidaridad con los presos de la organización Euskadi Ta Askatasuna (ETA, País Vasco y Libertad). Hasta 1971 permaneció cerrado en Burgos, hasta el 1975 en Alicante y luego pasó por diversas cárceles haciendo "turismo penitenciario" (Córdoba, Valladolid, Alcalá de Henares, Jaén, El Puerto, Carabanchel, etc.).
En diciembre de 1976, cuando casi ya no quedaban presos políticos en las cárceles y después de pasar 26 años encerrados - 244 días de los cuales en régimen de aislamiento total -, convirtiéndose en el preso político que pasó más tiempo encarcelado por franquismo, desde Francia se puso en marcha una campaña para obtener su liberación. El grupo «Frente Libertario» editó un cartel exigiendo su libertad, pero nunca fue pegado por las calles para que finalmente fue amnistiado y liberado el 13 de enero de 1977 del Reformatorio de Adultos de Alicante. Finalmente se pudo reunir en Valladolid con su compañera y con su hijo de 20 años que sólo había visto una vez. Salió de la cárcel intervino en mítines y charlas de la CNT (París, Burdeos, San Sebastián de los Reyes, etc.). 1977 se instaló en Alicante y, después, en Denia. Detenido de nuevo, en enero de 1979 fue condenado a un año y medio de prisión. Fernando Carballo Blanco falleció el 5 de noviembre de 1993 en Denia (Alicante, Valencia) de un paro cardíaco mientras dormía.








Femando Carballo: "Más de un grupo fue a por Franco

  • El decano de los presos políticos cuenta sus recuerdos



Fernando Carballo Blanco, hijo de padre anarcosindicalista fusilado poco después de comenzar la guerra, y él a su vez anarquista desde siempre, según afirma, ha venido conociendo las cárceles españolas desde el mismo final de la contienda civil. A través de ellas, Carballo fue asentando su actitud política, y convirtiéndose progresivamente de preso común, que era lo que más parecía en un principio, en preso político. Antes de salir de la prisión de Alicante, la semana pasada, se había convertido en el recluso que más tiempo habla pasado en las cárceles por este tipo de delitos. Tras su excarcelación, habló para EL PAIS con Sebastián García.




¿Cómo fue su trayectoria política?
—Ya mi padre me llevaba de pequeño a las casas del pueblo donde empecé a meterme un poquito. Después cuando lo asesinaron en 1936, me di cuenta de que algo no marchaba. Y después de la guerra me metieron cinco meses en la cárcel por no rectificar y decir que mi padre había sido ejecutado, como quería el comisario. Aquí, en la cárcel, conviví con la flor y nata del proletariado y los intelectuales españoles, y me di cuenta del salvajismo que es acusar a esos hombres de cooperar a la rebelión, cuando fue al revés, que reaccionaron para evitar la rebelión contra la República y el pueblo español. Luego, cuando empiezo a trabajar como tratante de animales, conozco a los campesinos que han sido despojados de las tierras que trabajaban en las colectividades. En fin, me di cuenta de que nos faltaban hombres que lucharan contra estas salvajadas, y que eran los políticos quienes has hacían. Por esto me incliné directamente por el sindicalismo. El carnet de la CNT no lo tuve hasta 1963, pero se me concedió ser considerado miembro desde 1936.
Usted era decano de los presos político ¿podría recordar brevemente su paso por las cárceles?
—Cuando mataron a mi padre nos quedamos en la absoluta miseria. Nos quisieron dar una indemnización de 3.000 pesetas por hijo, pero no la aceptamos. La primera vez, como le digo, fue por insistir en que mi padre había sido asesinado.
Después, en 1946, en la época del estraperlo, un sereno me cogió me quiso quitar el aceite que llevaba. Al resistirme, sacó una pistola y me disparó. Por fortuna fue leve pero en el juicio, paradójicamente, me pedían trece años por intento de homicidio a la autoridad. Por lo visto, el sereno dijo que yo le había tirado un ladrillo. No obstante, cuando llegamos al juicio, que salió a los dieciocho meses a pesar de que mi abogado metió prisa, la defensa anuló por completo a la acusación y salí libre.
Seguí trabajando como tratante de animales y también llevaba lo que recogía a los presos. La policía me detuvo y me acusó de ser miembro del Socorro Rojo Internacional. Me tuvieron nueve días en la comisaría esposado. Era en 1948. Querían que les diese información, pero claro, de eso no había nada. Entonces me propusieron firmar una declaración en la que se decía que yo había cometido un robo en un pueblo, amenazándome con hacerme la coletilla. Esto era que te metían tres meses en la cárcel como preso gubernativo, y al salir te volvían a meter una y otra vez hasta que les parecía. Firmé porque tenía documentos que probaban que yo estaba en otra parte el día del robo, pero en el juicio no dejaron hablar a mi abogado. Aquello fue un pitorreo, un diálogo entre el fiscal y el Tribunal, y al final me condenaron a trece años de prisión menor. Salí en 1955, en libertad condicional.
-En 1963 se dijo que usted colaboraba en la preparación de un atentado contra Franco. ¿Es esto exacto?
—Yo me dedicaba a la propaganda. Efectivamente tenía explosivos plástico, fulminantes y ácido sulfúrico, pero me faltaba clorato mezclado al 50% con azúcar.
¿El clorato no lo venden en las farmacias?
—En las farmacias venden pastillas, y cuando lo intentas moler, estalla,peta. En una farmacia le dije al dependiente que el médico me había recetado gárgaras y necesitaba clorato en polvo, pero me respondió que tenían prohibido venderlo. Este material pues tenía que venir de fuera. Ahí está el quid.
¿Para qué dijo, entonces, que tenía esos explosivos?
—Mire, no hay nadie que pueda averiguar el pensamiento o la intención. Tal vez como antifranquista yo necesitaba tener aquello. Puede que algún día hubiese llegado el momento de usarlo, o no; pero no se puede forjar una acusación sobre esa base. Efectivamente, la única acusación fue posesión de explosivos. El problema es que en esa época había más de un grupo que iba directamente a por Franco. Incluso, en el partido España-Rusia, que se celebró en el estadio Bernabéu en 1964, hubo un explosivo preparado que no llegó a explotar porque pusieron fulminante normal, cuando tenían que haber puesto especial.
Por eso, cuando nuestro juicio, se nos acusó de que íbamos a intentar algo contra Franco, y de ahí salió la campaña internacional de protesta, porque creían que nos pedirían la pena de muerte.
¿Cuando se celebró el partido, usted ya estaba detenido?
—No yo fui detenido en agosto y el partido se celebró en junio. Mi enlace, Stuart Cristie, llevaba una mano vendada. Yo le tenía que preguntar si le dolía, pero no me entendió. Entonces, cuando fui a cogerle del brazo para llevarle aparte y me diera lo que traía, propaganda o lo que fuese, o explosivos, se me echaron encima diez hombres pistola en mano. Allí mismo querían que hablase, pero no podía hablar: me habían puesto el hígado en la boca de un puñetazo.
Me llevaron, junto a Stuart, a la Dirección General de Seguridad. Yo tenía la experiencia de la comisaría de Tarragona, y sabía más o menos lo que pasaba en aquellos calabozos. Una vez, estando sentado y con las manos esposadas al espaldar de la silla, me tiraron al suelo de un puñetazo.
Luego, en el Consejo de Guerra, sólo hubo una buena defensa: la de Stuart, para quien la embajada inglesa había nombrado un abogado civil. En fin, nos condenaron a treinta años, a mí, y a veinte a Stuart. Pero este tenía un padrino muy poderoso, el Gobierno inglés, que le hizo poner en libertad a los dos años.
Pasé a la prisión de Burgos y me sentí enfermo. Entonces, al decirle al médico lo ocurrido, me respondió que si llegan a darte un poquito más no sales de ésta. De Burgos pasé en 1971, a Córdoba. De Valencia me trasladaron a Jaén, y de aquí, por una huelga de protesta volvieron a mandar al penal de Alicante, de donde me han arrebatado del poder franquista.
Usted defiende la amnistía para los presos comunes. ¿Por qué?
—Yo he vivido en la miseria y entre la miseria, y las calamidades que he visto me han hecho comprobar que la mayor parte de los delincuentes lo son por necesidad. Cuando a uno le falta una alpargata para sus hijos, tiene que conseguirla como sea. Si un desgraciado va y roba un saco patatas, le meten seis o doce años de cárcel. En cambio, vamos a coger a los responsables de Matesa, de Sofico... ¿No habría que ponerle más? Sin embargo, es al contrario.
En fin, conviviendo con ellos, conociendo sus causas, es como he llegado a la conclusión de que la injusticia social más descomunal es la que se hace contra estos hombres. Muchos de los delitos llamados comunes se podrían denominar, no políticos, pero sí sociales.
¿A quién cree que le debe su salida de la cárcel?
—A la amnistía, desde luego que no. Yo tenía un sumario limpio, sin engorros de ninguna clase. Yo no tenía todo lo necesario para hacer explosivos, pero tampoco nadie me demostró que fuera a colocar nada. Me tenían que haber aplicado la amnistía, pero no lo hacían. No, a mi me ha sacado el pueblo.
¿Que opina del actual Gobierno?
—Un Gobierno más, de los que nos hemos encontrado, desde que se empezó a fundar España. Yo quisiera que algún historiador me dijese que estoy equivocado, que tuvimos tal presidente, tal rey o tal dictador que fue un gobernante porque miraba hacia el pueblo con respeto. Hemos sufrido con todos persecuciones privaciones y explotaciones.

Veinticinco años de presidios franquistas: Fernando Carballo: la crisma partida pero el alma entera
Triunfo. Año XXXI, n. 731 (29 en. 1977),p. 40-42 RTXXXI~N731~P40-42.pdf

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