Antonio "Gallego" Soto.(por Osvaldo Bayer)


Antonio Soto nace en Ferrol. (Galicia)  hace cien años. A comienzos del siglo llegó a América instalándose en la Patagonia. En aquella época, en la Patagonia, la ganadería era una de las principales fuentes de riqueza. Allí, los capataces británicos empleaban en condiciones infrahumanas a los indios de la isla de Chilloe.

La mano de obra era tan barata que la Patagonia compite con éxito frente a las potencias tradicionales: Australia y nueva Zelanda.

Soto inicia su actividad como sindicalista promoviendo una huelga en el Gran Hotel de Puerto Gallegos. Más tarde, organiza a los Chilotes y convoca una huelga general para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores de las haciendas.

Soto, al frente del consejo rojo, con 500 jinetes bajo su mando, consigue tomar varias haciendas, pero el ejército argentino contraataca. Soto y sus hombres son rodeados en la Anita, una granja de alta montaña. El ejército vence a los sublevados, fusila a más de 120 chilotes e indulta a aquellos que les parecían más aptos para el trabajo.

Antonio Soto logra huir a Chile, donde permanece hasta su muerte.

Para más información sobre Antonio Soto y la emigración gallega a Argentina, recomendamos la lectura de los siguientes libros de Xavier Alcalá: Viaxes no país do ELAL e Arxentina.
La gesta de un heroe de leyenda


Antonio Gonzalo Soto Canalejo nació el 8 de octubre de 1897 en la ciudad de Ferrol. Sus padres eran Antonio Soto Moreira y Concepción Canalejo González. El padre murió al poco tiempo de nacer él, en la guerra de Cuba a bordo del barco Oquendo. Cuando Antonio cumplió tres años, su madre se volvió a casar con Eduardo Rey y se marcharon con toda la familia a Argentina. Antonio tuvo problemas de adaptación con su padrastro, lo que fue determinante para que su madre lo enviase de vuelta para Galicia. Después de algunos años en Ferrol, en 1914 con diecisiete años, Antonio Soto regresó a Buenos Aires. La ciudad era un hervidero político, con huelgas, manifestaciones y periódicos anarquistas que llamaban a la lucha.

La revolución rusa de octubre de 1917 fue, seguramente, el hecho más significativo para la formación política de Antonio Soto, como también lo fue para el movimiento obrero Argentino de aquel momento. Antonio siguió con gran ilusión los acontecimientos de los obreros bolcheviques.

A los 22 años, Antonio Soto se incorporó a la Compañía de Teatro "Serran o Mendoza", que hacía el recorrido de los puertos patagónicos. La Compañía, en uno de sus tantos viajes, se trasladó al puerto de Río Gallegos. El clima obrero de esta ciudad atrapó a Soto. Antes de actuar y también al acabar, Antonio iba a visitar el local de la Sociedad Obrera. Allí escuchó al periodista vasco José María Borrero, quien asesoraba a la Sociedad Obrera. Este periodista le causó un gran impacto. Borrero tuvo una influencia decisiva en los trabajadores de Río Gallegos, y fue éste quien vio en Soto un dirigente con muchas posibilidades de desenvolvimiento sindical. Tanto fue así que animó a Soto para que abandonara la Compañía y se sumase a las tareas directivas del sindicato.

A los pocos meses, el domingo 24 de mayo de 1920, en una asamblea general de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, adherida a FORA, eligieron al Secretario General de la misma. El panorama de aquellos días era de mucha tensión; por un lado, los peones rurales estaban en conflicto por conseguir mejores condiciones laborales y, por el otro lado, los trabajadores de las haciendas andaban preocupados por la crisis de allí y los niveles de organización y de reivindicación de los obreros anarquistas.

Ante estos hechos, la central sindical declaró la huelga general. La situación de esos días era muy tensa. La provincia de Santa Cruz estaba paralizada por los huelguistas.

La represión no se hizo esperar, la autoridad militar movilizó a la marina, a la policía y se volcó en reprimir todo aquello que olía a huelguista. En un par de horas fueron encarcelados docenas de activistas sindicales. Siguiendo los testimonios de la época, Antonio Soto logró escapar de la persecución, refugiándose en la casa de una gallega de armas tomar, que vivía en las afueras de Río Gallegos. La dueña de la casa era conocida entre los anarquistas como " Doña Máxima Lista ", o sea, maximalista.

El 28 de enero de 1921 en el transporte "Guardia Nacional" embarcó el 10º Regimiento, al mando del Teniente Coronel Varela, rumbo a Puerto Gallegos. El 29 de enero llegó, después de varios meses de estar nombrado, el gobernador de la provincia. La llegada del nuevo gobernador Yza, permitió entrar una etapa de acercamiento entre las dos partes y comenzaron así las negociaciones. Durante estos días el gobernador Yza puso en libertad a los presos sindicales y suspendió el clima de represión que se vivía en las ciudades del sur. La actitud dialogante y la promesa de cumplimiento de las reivindicaciones de los trabajadores permitió el fin de la huelga.

En julio de 1921 se produjeron varios episodios que llevaron a la ruptura entre los obreros y los patrones. Las condiciones pactadas con los obreros de las haciendas no se cumplían en toda su totalidad. Mientras tanto, el contador Eloy del Val, de la Sociedad Anónima Mercantil de Patagonia en Puerto Deseado, le dispararon diez balazos por la ventana de su casa. El motivo era haber despedido a obreros. El contador salió ileso, pero el atentado tuvo una gran repercusión en Buenos Aires. Al doctor Sicardi presidente de la Liga patriótica de Santa Cruz, miembros de la Sociedad Obrera le pararon en la calle y le quitaron el arma que llevaba. Conforme sucedía esto en la ciudad, en el campo siete haciendas fueron tomadas por los obreros haciéndose con los caballos. Pero será, seguramente, la noche del 9 de julio, día de la patria argentina, un día que marcará los futuros acontecimientos. Esa noche era la culminación de toda una jornada de actos patrióticos en celebración de la Independencia Argentina. El Hotel Español fue el sitio elegido para realizar el banquete, en el que participaron las personalidades más destacadas de la provincia. Casi cien comensales estaban listos para cenar cuando uno de los camareros avisa al cocinero Antonio París, paisano de Soto, que entre los presentes se encontraba Manuel Fernández, dueño de la firma Varela Fernández, empresa boicoteada por orden del gallego Soto. Antonio París junta a los camareros y en nombre de la Sociedad Obrera prohíbe que sirvan las mesas. Sus compatriotas gallegos secundan la decisión del delegado de la Sociedad Obrera.
La negativa de los gallegos crea una gran indignación entre los presentes, que consideraban que era un agravio contra la Patria. Ante esta situación los presentes resuelven servirse ellos mismos, bajo la atenta mirada de los camareros, que ven ganada una pequeña batalla.
Esta actitud de insubordinación y antiargentinidad , según los de las haciendas, provocó que los distintos sectores burgueses hiciesen causa común contra los trabajadores.

Las tensiones en Río Gallegos cada vez fueron mayores y Antonio Soto tuvo que sufrir los ataques de los otros sectores sindicales alentados por los sectores reaccionarios.

En Río Gallegos la policía encarceló a Antonio París, miembro de ka Asociación Obrera. Durante la detención cerraron el local sindical. El día 24 de octubre de 1921 se declaró la huelga general.

En Buenos Aires, el presidente Yrigoyen volvió a solicitar a su amigo el Teniente Coronel Varela, para que se hiciese cargo de reprimir la Patagonia. Mientras el militar prepara a sus soldados en el Cuartel de Campo de Mayo, Antonio Soto, el 31 de octubre, levantó las peonadas de las haciendas "Buitreras", "Alquina", " Rincón de los Moros", "Glencross", además de "La Esperanza" y "Bella Vista". Una larga columna de 300 obreros rurales se aproximó a Turbio y a Punta Alta. Los Otros delegados levantaron al personal de todas las haciendas desde Largo Argentino hasta Punta Alta. En menos de siete días, seis hombres sublevaron la extensísima región del sureste del territorio Santacruceño. Esta primera parte, dirigida por Soto, fue absolutamente pacífica. El movimiento buscaba la libertad de los presos de Río Gallegos. El 5 de noviembre todo el sur de Santa Cruz se paralizaba. Varias son las columnas de sesenta, de cien, de doscientos hombres que marchan con la bandera roja por las desoladas tierras del sur.

La noche del 6 ó 7 de diciembre fue una de las más largas de la vida de Antonio Soto. Los militares estaban a la puerta de la hacienda " La Anita ". Los trabajadores se reunieron en asamblea. Juan Farina, de origen chileno, propuso acabar con la huelga y negociar con los militares. La mayoría de los peones chilenos apoyaron la propuesta. Después habló el anarquista alemán Pablo Schulz, quien señaló que la única forma de triunfar era peleando.

Antonio Soto, con una asamblea propensa, jugó su última carta y propuso que se enviaran dos hombres con bandera blanca hasta donde estaban las tropas y que pidieran las condiciones mediante el jefe militar, sobre la base de la libertad de los compañeros de Río Gallegos y el cumplimiento de las cláusulas del convenio del año anterior. Dos chilenos serán los encargados de dicha misión. Al llegar a la zona de los militares son automáticamente fusilados, negándose aquellos a cualquier tipo de negociación. Los jefes militares envían tres soldados con bandera blanca, para comunicarles que el ejército sólo está dispuesto a ofrecerles la rendición incondicional, y que a cambio serían respetados y tratados con corrección. Los dirigentes piden el plazo de una hora para reunirse en asamblea. El dirigente chileno Farina es partidario de aceptar la propuesta de los militares. Schulz, por el contrario, es de la opinión de, más que nunca, resistir. Mientras tanto, Soto dará el discurso de su vida. Osvaldo Bayer relata sí esta parte de la asamblea: " En tono más que dramático, a gritos llama la atención de todos. Este más gallego que nunca al hablar:
Os fusilarán a todos, nadie va a quedar con vida, huyamos compañeros, sigamos la huelga indefinidamente hasta que triunfemos. No confiéis en los militares, son la ralea más miserable, traidora y cobarde que habita en la tierra. Son cobardes por excelencia, son resentidos por estar obligados a vestir uniforme y tener que obedecer toda la vida. No saben lo que es el trabajo, odian a todo aquel que goza de libertad de pensamiento. No os rindáis, compañeros, os espera el amanecer de la redención social, de la libertad de todos. Luchemos por ella, vayamos a los montes, no os entreguéis.

Golpea los puños, se golpea en el pecho, chilla, hasta le caen las lágrimas cuando la gente no le responde nada. Ahí está Antonio Soto, alto, con una gorra revolucionaria, hablando de lo que es la libertad. Intenta levantar con sus palabras un ánimo definitivamente muerto y conforme ya con su suerte. Soto no se quiere dar por vencido. Es ésta su última asamblea, allí, frente a ese paisaje maravilloso.

"Sois obreros, sois trabajadores. Seguid con la huelga, triunfad definitivamente para conformaros con una nueva sociedad donde no haya pobres ni ricos, donde no haya armas, donde no haya uniformes, donde haya alegría, respeto por el ser humano, donde nadie se tenga que arrodillar ante ninguna sotana ni ante ningún mandón.

La asamblea pasará a votar y ganará la posición de fardan. Schulz dirá que está totalmente en contra pero acatará la decisión de la asamblea. Soto, por su parte, se va a manifestar también en contra de ésta, indicando que él no va a caer en las armas de los militares y que no va a dar su vida en forma tan miserable. Hace una última llamada a todos para que le sigan. Soto se despide diciendo: "Yo no soy carne para echársela a los perros. Si es para pelear, me quedo, pero los compañeros no quieren pelear".
( testimonio de Fernández y Lada ).

A Soto le siguen doce huelguistas, y aprovechan la caída del sol para huir a caballo rumbo a la Cordillera. Esa noche fue terrible. Los militares realizaron una auténtica carnicería humana y la mayoría de los huelguistas rendidos fueron humillados, torturados y fusilados. Según las cifras que se manejan, entre quinientos y seiscientos fueron los huelguistas que se rindieron en la Hacienda La Anita. Según los anarquistas de fuera, en la Anita se fusiló entre 150 y 250 huelguistas y durante el tiempo que duró el conflicto, alrededor de 1.500 trabajadores.

Antonio Soto y su grupo fueron a Chile por el paso de Sentinela, después de cinco días cabalgando por la Cordillera perseguidos por el ejército argentino y los carabineros chilenos que intentaban que no entrasen en el país. Soto logró llegar a Puerto Natales. Allí los compañeros de la Federación Obrera esconden a Soto. Los dirigentes chilenos, conocedores de los peligros que corría en esa ciudad, deciden enviarlo en barco hasta Punta Arenas, donde encontrará refugio en la propia sede de la Federación Obrera de Magallanes. En Punta Arenas permanecerá algunos días hasta que por recomendación de sus compañeros tendrá que seguir rumbo a Valparaíso. Soto se instaló en un pequeño hotel del puerto de esta ciudad, donde conoció a la hija de los propietarios de la vivienda en la que residía. A los pocos meses se casó con Amanda Souper y se trasladó a Iquique, al norte de Chile. Con su primer matrimonio tuvo seis hijos: Alba, Antonio, Mario, Aurora , Amanda y Enzo. En esta ciudad de salinas tuvo su primer accidente y se trasladó a vivir a Santiago de Chile. Aquí siguió su actividad política de forma clandestina mientras trabajaba como chofer de su propio autobús. Las persecuciones policíacas le llevaron a mudarse de domicilio continuamente hasta que decidió trasladarse a Valparaíso y se decidió a marchar como peón rural hasta que se instaló en Punta Arenas, para después trasladarse a Puerto Natale. En esta ciudad se instaló un cine al que se le dio el nombre de "Libertad". Aquí no le fueron las cosas muy bien, lo que le empujó a retomar su oficio de trabajador rural, siendo, durante muchos años, asesor de los sindicatos del sur chileno.

En 1936 cuando se declara la guerra civil en España, Soto intenta ir a luchar por la república, pero su salud no se lo permite. El 5 de marzo de 1938 se vuelve a casar con una chilota ( de la isla de Chiloe ), Dorotea Cárdenas, con quien tendrá una hija, Isabel Soto. En 1945 se trasladó a Punta Arenas, donde trabajará como obrero de una fundición en la que arreglaban motores de barco, luego montará un puesto de frutas en el mercado y después un Restaurante llamado "Oquendo", en homenaje al barco en el que navegó su padre.

Durante estos años funda el Centro Republicano Español, el Centro Gallego y la filial de la Cruz Roja Internacional.

La salud le obligó a dejar el restaurante, por lo que decide poner una pensión, que llevará su apellido y que está situada en la calle Ecuatoriana, y se apoyaba económicamente con un camión que hacía fletes desde el puerto.

En 1962 abandonó todo tipo de trabajo y el 11 de mayo de 1963 fallece en punta Arenas a los 65 años, a causa de una trombosis cerebral.

Una verdadera multitud le acompañó hasta el cementerio. La comitiva estaba encabezada por banderas de la Cruz Roja, el Centro Republicano y por la bandera gallega llevada por el Centro Gallego.

Antonio soto, anarquista en las huelgas rurales de la Patagonia argentina




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